Clasificar. Artículo sobre Técnica Alexander con Marta Barón en Madrid

Clasificando la Técnica Alexander

Recientemente, hablaba con un director de una escuela de música que me contaba que se daba cuenta de que todas las personas que tocan música, necesitan algún tipo de trabajo de “cuerpo”. Tenía dudas de qué podría resultarles más útil y valioso a la hora de estudiar con el instrumento, tocar en público y acometer sus dificultades. No tenía claro si decidirse por la Técnica Alexander, el Pilates o el trabajo de Feldenkrais.

En los años que llevo enseñando este trabajo he constatado lo que cuesta “clasificar” nuestro trabajo, hay mucha confusión a la hora de meterlo en un “cajón” u otro. Nos han comparado con yoga, masajes, mindfulness, y otras muchas disciplinas. Recuerdo incluso el caso de una alumna que declaró que era el calor de mis manos lo que hacía “el milagro” (complejo de manta eléctrica, me entró).  Mucha gente lo entiende como una “terapia alternativa” y como una “técnica postural”.

Me gustaría aclarar algunas de las diferencias que yo veo, desde mi experiencia personal, con algunas disciplinas. Ciertamente, con muchas de ellas, compartimos elementos. La Técnica Alexander es un trabajo que usa el sentido común (y algunas cosas más, por supuesto) para mejorar la forma en que funcionas. Tiene algunos elementos propios que no he visto en ninguna otra disciplina, técnica, terapia o método de ejercicios.

El uso de la conciencia.

Tanto la Técnica Alexander como algunos de los trabajos que he nombrado usan la conciencia corporal. Sin embargo, nuestro trabajo maneja una variable que no he encontrado en otras técnicas: la cuestión de que la forma en que nos percibimos, o sea, la apreciación sensorial que tenemos de nosotros mismos, no es de fiar. No he visto que se cuestione lo que sentimos en ningún otro trabajo que haya conocido. En general, si sentimos tensión, damos por hecho que hay tensión. Y la persona que nos enseña ¡¡¡también!!!! Y lo mismo ocurre con la “relajación”.  A menudo se pide a la gente que se “relaje”, dando por hecho que el concepto que tiene la persona que enseña de la relajación, es el mismo que el que tiene la persona que aprende. En mi experiencia esto no podría estar más alejado de la realidad.

La cuestión de las sensaciones es esencial en la Técnica Alexander, pero no se trata de sentir y creerse lo que interpretamos de esa sensación, sino de conectar las sensaciones con el hecho de que sabemos que no podemos fiarnos de esas sensaciones. No las ignoramos, pero tampoco les damos demasiada credibilidad. Si vienes a mis clases te voy a enseñar, a dudar de que lo que sientes es real y también que algunas cosas que te están ocurriendo continuamente, pasan desapercibidas. Este elemento lo trabajamos desde el principio y muy pronto vas a obtener pruebas en tu vida cotidiana, de que esto también te ocurre a ti. Desde ese momento tu aprendizaje toma un camino muy distinto. No se trata de “hacerlo bien” sino de descubrir tus hábitos, unos hábitos que se han hecho fuertes en tu sistema y que percibes como “normales” (y correctos), aun en el caso de que interfieran con la lógica del cuerpo.

El uso del cuerpo.

Este elemento es central en muchos trabajos; igual que en nuestra técnica. Pero, al contrario que en trabajos como el hatha-yoga o Pilates, donde vas a aprender una serie de rutinas (posturas, ejercicios, asanas, etc.) en la Técnica Alexander vas a usar tu cuerpo como una fuente de información para cambiar esos hábitos que pueden llevarte a tener problemas de funcionamiento. No somos un sistema de ejercicio (como lo es Pilates) ni una técnica milenaria que en nuestra sociedad se usa como ejercicio (como el yoga). Para practicar la Técnica Alexander no necesitas vestirte de una forma concreta, usarás tu ropa de diario, ya que es una herramienta para la vida diaria. Si conduces un taxi, para eso; si te dedicas a sostener un violín varias horas al día mientras intentas sacarle el máximo partido, para eso; si te sientas frente al ordenador, también para eso.

Cuando recibes clases de Técnica Alexander eres protagonista, se trata de ti y no de la disciplina. El trabajo se pone a tu servicio, no al contrario. No hay objetivos fijos a corto ni a largo plazo. Se trata de ti, de tu capacidad de cambiar, observar, razonar, percibirte y tomar decisiones respecto a lo que deseas conseguir y como hacerlo sin dañarte. No se trata de conseguir fuerza, tono muscular ni flexibilidad, sino LIBERTAD. Libertad en el uso de ti mismo para responder de forma óptima a las necesidades que se te van presentando.

En la Técnica Alexander vas a aprender lo que es «el uso» y constatarás que puedes ejercer tu voluntad para mejorarlo. FM Alexander explica en sus libros que “el uso afecta al funcionamiento” y es una máxima que manejamos en cada clase. Si mejoras la forma en que te usas, tu funcionamiento mejorará enormemente. Esto significa que tiene una componente terapéutica, pero eso no implica que sea una “terapia”.

¿Por qué? Porque en general, si vas a una «terapia» te limitas a obedecer una serie de consejos o prescripciones que te van dando. No sabes por qué lo haces, pero esperas mejorar. En nuestro caso estás aprendiendo, y empiezas a aprender desde la primera clase. Cuando sales de la clase te llevas algo; a menudo te voy a pedir que trabajes en un aspecto concreto que me ha llamado la atención en esa clase. En la siguiente clase suelo preguntarte. Vas construyendo, avanzando, yo te ayudo. Colaboramos. La Técnica Alexander es un trabajo de colaboración, y tú eres esencial. Desde la práctica, vas a ir tomando la responsabilidad, y esto te va a llevar a recuperar el control de tu cuerpo.

Por último, y con respecto a la cuestión de la postura, una razón por la que vienen infinidad de alumnos. La Técnica Alexander no es un trabajo postural, pero te ayudará a conseguir una buena postura, aunque solo sea como efecto secundario de un trabajo más profundo. Para una explicación sobre la postura, puedes leer el artículo «No existe la posición correcta sino la dirección correcta».

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