La dirección de la cabeza: Artículo sobre Técnica Alexander con Marta Barón en Madrid

La dirección de la cabeza

La cabeza es una parte única de nuestra anatomía. Pero es que además tiene una dirección propia, y ésta determina la dirección general del cuerpo. Puede favorecer la estabilidad… o entorpecerla; ayudar al movimiento… o lo contrario. Y esto depende directamente de la dirección de la cabeza, de si estamos interfiriendo con ella o no.  

Esta cualidad de la cabeza no es única en el cuerpo. Otras partes, también tienen una dirección óptima que favorece el funcionamiento. Pero la dirección de la cabeza sí que es única. La de la cabeza es hacia delante y hacia arriba. ¡Es antigravitatoria! Y tú también lo eres, puesto que eres un ser vivo. Y todos los seres vivos vamos hacia arriba, en la misma línea de acción de la gravedad, pero en sentido opuesto.

Veamos desde donde “se mueve” la cabeza. Es desde la articulación atlanto-occipital.  Este nombre indica el lugar en el que el hueso occipital, parte del cráneo, se encuentra con la primera vértebra cervical, el atlas. Esta articulación tiene forma de mecedora y el único movimiento posible entre ambos huesos es de balanceo en un rango de entre 20 y 30 grados. El resto del movimiento que podemos hacer con la cabeza, tanto hacia delante como hacia atrás, corresponde a la movilización de otras vértebras.

Para saber dónde está puedes meterte los dedos en los oídos y mover un poco la cabeza como diciendo “sí”. El movimiento que percibes tiene lugar en la articulación atlanto-occipital.

​¿Qué significa exactamente esa dirección? Si sabéis lo que es un vector, es como sumar dos vectores. A es la dirección hacia arriba y B hacia delante. La suma, es lo que da la dirección de la cabeza, desde la articulación.

Todas las direcciones que ideó Alexander tienen una naturaleza preventiva; en este caso, evita que la cabeza vaya hacia atrás y hacia abajo. Esto es relevante:  por encima de todo queremos que la cabeza no vaya hacia atrás y hacia abajo

Si quisieras saber si tu cabeza va en la dirección deseada, te diría que es difícil. Lo que es más fácil es saber si está yendo hacia atrás y hacia abajo. Obsérvate, si no tienes la sensación de que no está yendo hacia atrás y hacia abajo, es muy probable que esté yendo hacia delante y hacia arriba. 

​Que la cabeza vaya hacia delante y hacia arriba no es un objetivo, es más bien el resultado lógico de un uso concreto. Indica que las cosas van bien, que no hay interferencia a que la dirección general del cuerpo sea hacia arriba. Te recuerdo que no es un objetivo; si lo conviertes en uno, entonces harás todo lo posible para conseguirlo y estarás “haciendo” algo que no te hace falta hacer, pues la naturaleza ya ha previsto la dirección de la cabeza. Tanto en los animales de cuatro patas como en los seres humanos, la cabeza es un estímulo que ayuda a la columna vertebral a alargarse. Cuando esto ocurre, el movimiento ocurre de forma óptima, favoreciendo el alargamiento general del cuerpo sin restarle eficacia a las contracciones musculares necesarias en ese momento.

Lo que querrías saber es si cuando haces algo, por ejemplo, conducir, estás echando la cabeza hacia atrás (acortando así tu columna y, en definitiva, tu estatura). Esto es habitual en mucha gente. La cuestión es que encuentres la forma de conducir (o hablar, andar, comer, reírte, correr, montar en bici, etc.) sin que esa interferencia ocurra de forma automática. Y esto, es lo que te puede enseñar la Técnica Alexander.

Si has dado clases conmigo, y me has oído hablar de esta dirección muchas veces, recuerda: “ya sabes que si estás sintiendo que está ocurriendo, casi seguro estás en el hábito, así que, recuerda que tu apreciación sensorial no es de fiar y trabaja tan solo en el deseo de que la cabeza vaya hacia delante y hacia arriba”.

​Si lees este artículo, pero nunca has dado clases, te propongo: “observa a un niño de unos dos años, cuando mira hacia abajo para mirar su juguete, el móvil que le han dado, la comida, lo que sea, su cabeza no se va hacia abajo, ¿lo ves?” Pivota a la altura de los oídos pero sin colapsar. Lo mismo pasa si vas a un parque y miras a los niños jugar, sus cabezas siempre están bien erguidas, favoreciendo que sus espaldas no se colapsen hacia abajo.

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