¿Cuántas veces te han dicho que no tienes buena postura, te endereces o…
…algún experto en riesgos laborales te ha dicho como tenías que sentarte frente al ordenador…..
….o colocar los pies cuando estás de pie para que no te acabe doliendo la espalda?
Seguro que han sido unas cuantas. No es que los expertos en ergonomía o riesgos laborales no sepan lo que es correcto. Es que lo difícil es poder llevar a cabo sus consejos.
Te cuento algunos secretos sobre la postura.
Lo primero y más importante: no, la postura no existe. Y mucho menos la buena postura. Puedes reconocer si alguien se sostiene bien o mal, pero mantener ese “bien” no es posible.
¿Por qué?
Porque la principal cualidad del ser humano es el movimiento. Te mueves cuando duermes, te sientas a meditar o cuando estás de pie. Observa el balanceo constante.
Lo que nos sostiene es la suma de fuerzas musculares y corporales. Si tus músculos están faltos de fuerza, o las fuerzas entre ellos están desequilibradas, te va a costar tener una buena postura. Unos abdominales demasiado fuertes, o un tren superior exacerbado, tirarán del resto del conjunto y esto no te dará la “mejor postura”. También es posible que hay agotamiento muscular e incluso lesiones.
Se trata de tener la fuerza y la libertad muscular adecuadas para atender a tu vida.
El otro día, trabajando por primera vez con un chaval joven que hace bastante deporte, me comentó que todos sus amigos estaban lesionados. Y a él ya empieza a dolerle la espalda. En mi experiencia este es el principio de un futuro problema del que no conocerá la solución.
Este joven tiene una “muy buena postura”….pero su cuerpo ya está empezando a quejarse. Su sensación de buena postura, no le da toda la información que necesita para conservar su salud a largo plazo.
Es posible que tú tengas un trabajo y una vida sedentarios. Que te encuentres frente a tu ordenador muchas horas al día y después te cueste no buscar el sofá para recuperarte del agotamiento. Entonces la solución viene en forma de “tienes que fortalecerte, mejorar tu postura”. Y cuando te pones manos a la obra te sirve un tiempo. Pero luego ya no.
Otro secreto que quiero compartir contigo: la silla no es más cómoda que tus pies.
Seguro que lo percibes así, pero no te fíes de esta sensación.
Cuando puedas, estate de pie, no siempre en la silla. Así sea desayunando o trabajando. Un rato al día de pie, haciendo alguna actividad que sueles hacer en la silla, te va a ayudar.
Igualmente, cuando estés en la silla, de vez en cuando renuncia al respaldo.
Un minuto, dos, no más. Y mañana otra vez. Verás como tu soporte mejora.
El soporte no es la postura, es algo mucho más profundo y complejo. Esta cualidad surge del conjunto de la musculatura trabajando de forma coordinada para que puedas, ¡a la vez!, respirar, moverte y mantenerte en equilibrio. No puedes interferir de forma directa sobre él. Sólo puedes hacer un trabajo de fondo para mantener un estado saludable del soporte.
En ese sentido, te recomiendo un curso que haré el 4, 5 y 6 de abril. Darás tres clases individuales y en ellas verás la relación con tu propia “postura”. Y como afecta eso a la calidad de tu respiración.