Objetivos y medios, dos caras de la misma moneda. Artículo sobre Técnica Alexander con Marta Barón en Madrid

Objetivos y medios, dos caras de la misma moneda.

Este video nos muestra la capacidad que tiene el ser humano de llevar el movimiento a un extremo altamente virtuoso y estético. Lo que hacen estos bailarines requiere muchos años de esfuerzo y entrenamiento. Pero también flexibilidad, fuerza, dirección y potencia.

A menudo me preguntan si la Técnica puede o podría ser de ayuda a personas que tienen profesiones cortas y de gran exigencia, como bailarines o deportistas de élite. Por supuesto, la respuesta es “sí, sería una gran ayuda para ellos dentro de su propio contexto”. En profesiones de esas características los objetivos son básicos. Todas las acciones que llevan a cabo para mejorar se hacen teniendo en mente que lo que cuentan son los objetivos.
 
Y, aparte de los objetivos, ¿qué más hay? Los medios, claro. Es decir, la mentalidad que incluye lo que nos hemos propuesto y además busca la mejor manera de conseguirlo manteniendo la salud. Lo que solemos ver en muchas profesiones de alta exigencia física es que lesionarse es, de hecho, parte de la profesión. Se oye decir a deportistas: “si las lesiones me respetan…”. Como si las lesiones no fueran consecuencia directa de la mentalidad de consecución de objetivos. Lo diré claro: querer conseguir estos objetivos a cualquier precio hace que no se planteen cómo van a usar sus cuerpos y lesionarse es la forma que tiene el cuerpo de avisar de que no se le está teniendo en cuenta. Toman decisiones que a veces son conscientes, pero otras son patrones inconscientes de respuesta al estímulo de conseguir ese objetivo.
 
Pero ciertamente la mayor parte de nosotros no somos deportistas de alto nivel. Salimos a correr, nos proponemos hacer una media maratón, o una carrera con fines benéficos; o vamos al gimnasio para mantenernos en forma o hacemos yoga; o salimos a hacer bici de carretera o montaña o a bailar diferentes estilos. Y, como los deportistas de alto nivel, ponemos por delante los objetivos.
 
Nos ponemos objetivos “artificiales” como correr cada semana más distancia o tiempo; o bien hacer más repeticiones de un ejercicio o llegar más lejos en una asana de yoga. En esta carrera por “mejorar” pasamos por alto la cuestión fundamental: si no nos damos los mejores medios para conseguir lo que nos hemos propuesto… los conseguiremos, sí, pero… el cuerpo sufrirá las consecuencias. No habremos tenido en cuenta cuestiones básicas como la respiración, la postura o el tiempo para acostumbrarnos a una nueva demanda.
 
De esta forma es difícil conseguir “funcionar bien”. Y, ¿qué es funcionar bien? Pues es sencillo: conseguir lo que nos hemos propuesto sin hacernos daño. En este sentido, el trabajo que hacemos en la Técnica Alexander es la forma de aprender los medios para dar lo mejor de nosotros sin descuidar nuestras condiciones o cualidades; nos ayudará a conocer nuestras limitaciones generales o puntuales para que no predominen.
 
Por supuesto, yo considero importantes los objetivos; si quiero algo, me parece importante llegar a conseguirlo. Pero no descuido la forma en que uso mi cuerpo para ello. Al revés, si es una nueva situación; o una situación de estrés o alta exigencia; o si estoy cansada, pero aun así tengo que rendir, es entonces cuando soy más cuidadosa en el uso de mí misma. Me doy tiempo para llegar a donde quiero llegar. Y observo como va reaccionando mi cuerpo. También, cuando tengo alumnos que vienen con sus objetivos, los hago míos. Les ayudo a conseguirlos, pero siempre considerando su situación y el uso que hacen de su cuerpo. Les enseño cómo funciona el cuerpo para poder optimizar su uso en ese contexto en concreto.
 
Quizás te apetezca hacer un experimento; ponte al ordenador como sueles hacer cada día. O siéntate en el coche y pon las manos en el volante. En cualquiera de estas dos situaciones, simplemente toma la decisión de no hacer nada durante un minuto. En lugar de hacer lo habitual (teclear, conducir), deja las manos en el teclado o en el volante y observa tus brazos, hombros, manos. ¿Notas como los tienes? ¿Alguna tensión que no habías notado antes? Toma la decisión de hacer algo (teclear una palabra, encender el motor y desbloquear el volante, por ejemplo) pero antes de hacerlo, para y observa tus brazos, hombros y manos.
 
El deseo de hacer algo genera una serie de tensiones necesarias (y a veces innecesarias también) pero si cambiamos el objetivo, es difícil deshacerse de ellas. Observa esto. 

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